El papel de las
mujeres en el contexto científico actual es muy diferente de las situaciones
pasadas y todo parece indicar que el futuro tendrá poco que ver con el presente
también.
Muchos
consideran que la revolución más grande de este siglo ha sido el cambio de la
función social de las mujeres y el logro de un protagonismo nunca vivido
anteriormente, esto es debido a que se ha acabado con el prejuicio social y
familiar de que no valía la pena educar a las mujeres. Siempre se ha dicho que
la educación es un instrumento indispensable para el progreso de la humanidad,
sin embargo, también se han constatado graves desigualdades entre mujeres y
hombres en el acceso al conocimiento.
Durante los
últimos años, se ha avanzado mucho en este aspecto pero los datos estadísticos
de la UNESCO indican que las desigualdades siguen siendo importantes, ya que
dos terceras partes de los adultos analfabetos del mundo, son mujeres que, en
su mayor parte, viven en las regiones en desarrollo de África, Asia y América
Latina (UNESCO,1995).
Las desigualdades en los países en vías de desarrollo se sitúan en un nivel primario, es decir, en el propio derecho a la educación y en el acceso a la misma. En el mundo desarrollado, las desigualdades son más sutiles y están ligadas a la calidad; no tanto, aparentemente, a la igualdad de oportunidades, como a la igualdad de resultados.
El concepto de igualdad de oportunidades en la educación nace en la primera mitad del siglo XIX con la creación de los sistemas educativos nacionales; pero hubo de esperarse al siglo XX para que comenzaran a formularse propuestas políticas cuyo objetivo explícito fuese buscar esa igualdad.
Las desigualdades en los países en vías de desarrollo se sitúan en un nivel primario, es decir, en el propio derecho a la educación y en el acceso a la misma. En el mundo desarrollado, las desigualdades son más sutiles y están ligadas a la calidad; no tanto, aparentemente, a la igualdad de oportunidades, como a la igualdad de resultados.
El concepto de igualdad de oportunidades en la educación nace en la primera mitad del siglo XIX con la creación de los sistemas educativos nacionales; pero hubo de esperarse al siglo XX para que comenzaran a formularse propuestas políticas cuyo objetivo explícito fuese buscar esa igualdad.
La investigación
educativa sobre las desigualdades se inició en el período de entreguerras,
constatándose que los niños de las clases media y superior tenían mayores
posibilidades que los de la clase trabajadora para acceder a las selectivas
escuelas secundarias, continuar su escolaridad más allá de la obligatoriedad y
llegar a la universidad.
A partir de la década de los 50 será cuando empiece a tomarse conciencia en los países occidentales sobre la profundidad de las causas y efectos de la desigualdad, así como los efectos discriminatorios de los selectivos temas educativos.
A partir de la década de los 50 será cuando empiece a tomarse conciencia en los países occidentales sobre la profundidad de las causas y efectos de la desigualdad, así como los efectos discriminatorios de los selectivos temas educativos.
En los comienzos
de la mujer en el sistema educativo, esta recibía una educación diferenciada de
la del hombre, al principio la necesaria para ejercer de buena hija, buena
madre y buena esposa, más tarde simplemente separar las instituciones de
formación para hombres y mujeres.
Hasta que
aparecieron las escuelas mixtas. Sin embargo, el compartir pupitre, aula y
espacios formativos y lúdicos, no ha
desembocado en un mayor y mejor conocimiento, aceptación y respeto. No se
explica cuando no quieren jugar o trabajar juntos, cuando se burlan de quienes
no están permanentemente con el grupo de su sexo, en definitiva cuando no
actúan como se esperaría, teniendo en cuenta su sexo. Todavía hoy, “el paso a
la vida adulta y activa de estas generaciones ya educadas en los mismos
centros, persisten desigualdades que nos hacen encender una luz de alarma”.
CONCLUSIÓN
Como maestros y profesores, debemos enseñar a nuestros alumnos a ser personas con los mismos derechos, posibilidades y oportunidades, a pesar de nuestras diferencias de sexo.
Como maestros y profesores, debemos enseñar a nuestros alumnos a ser personas con los mismos derechos, posibilidades y oportunidades, a pesar de nuestras diferencias de sexo.
Como dice María
Elena Simón Rodríguez “El primer contacto con la cultura de paz o de guerra se
produce en las relaciones primarias”. Y este primer contacto es fundamental. Si
un niño o una niña es educado entre situaciones de desigualdad entre el hombre
y la mujer con total normalidad, y a su vez estas situaciones son reforzadas
por los medios de comunicación, el niño a la niña, acabará viendo estas
situaciones, como algo normal. Además de que los niños lo mimetizaran y
tenderán a una tolerancia hacia esas conductas.
La buena
educación para la igualdad se llama coeducación. Pero para desarrollar esta
educación en condiciones, es necesaria una formación inicial. Las experiencias
coeducativas darán lugar a: niñas con conductas más activas y niños más
cooperativos, elecciones académicas y profesionales variadas, se formaran
parejas de manera más libre y respetuosa, chicas en puestos de representación y
chicos convencidos de que las labores de cuidado, educación y atención personal
son gratificantes, descenderán las relaciones violentas de pareja,…
FUENTE:
SEBASTIAN, A., MÁLIK, B., SÁNCHEZ, MºFE. "Educar y orientar para la igualdad en razón del género, perspectiva teórica y propuestas de actuación". Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid: 2001.
SIMÓN RODRÍGUEZ,
MARÍA ELENA. “La igualdad también se aprende: Cuestión de coeducación”.
Editorial Narcea. 2010
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